domingo, 28 de abril de 2019

El triste final de la niña Chanel

Los pleitos que se suceden entre alumnos en escuelas y colegios, más que nada por burlas o maldades, nos dan una idea de la magnitud del fenómeno del “bullying” en nuestro país.
El más reciente de esos ejemplos culminó en una dolorosa tragedia: la muerte de la niña Chanel Mari Tiburcio, de 11 años de edad, brutalmente agredida por quien era una de sus compañeras de estudio, tras una discusión dentro de la propia escuela.
Las dos niñas envueltas en este triste episodio habían sido amonestadas quince días antes, por la dirección de la escuela, por haber echado ají picante en el jugo de otra compañera.
Una maliciosa broma.
No es raro que en los centros educativos, en el trabajo y hasta en el mismo hogar, se produzcan casos de “bullying” entre compañeros, unos que envidian a los que creen más inteligentes o de mejor apariencia y nivel socioeconómico; entre padres que subestiman y descalifican a sus hijos o empleados de empresas que se celan, en disputa de mejores puestos o salarios.
La envidia es un sentimiento que se extiende en la medida en que la humildad, la bondad y la solidaridad desaparecen del corazón de los humanos, manifestándose de múltiples maneras, entre ellas el “bullying”, que es el acoso físico, verbal o psicológico, entre estudiantes.
Es tan ostensible esta plaga ominosa que el 90 por ciento de los estudiantes de cuarto a octavo ha pasado por estas crueles experiencias de acoso, al menos una vez, de acuerdo a recientes investigaciones.
Frente a la magnitud del fenómeno, se impone que las autoridades de Educación, con el apoyo de los maestros, los padres, los especialistas de la conducta humana y las iglesias, diseñen y apliquen programas para concientizar a los estudiantes sobre estas actitudes perjudiciales, tales como charlas y talleres.
Tomado del editorial de
 El triste final de la niña Chanel
de la fecha ,-
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