martes, 3 de septiembre de 2019

Anibel

Amén de engrosar la bochornosa cifra de feminicidios y el preocupante número de huérfanos,  el asesinato de la abogada Anibel González Ureña nos deja la interrogante de cuál fue el verdadero culpable de la tragedia. Esto porque aunque innegablemente que el culpable del homicidio fue la expareja y suicida, Yasmil Oscar Fernández Estévez, la verdadera culpabilidad recae en las autoridades fiscales que no hicieron lo que tenían que hacer para impedir que este hombre matara a la madre de sus tres hijas menores.
Y es que no se concibe que alguien que dos años antes le propinara siete estocadas a Anibel delante de sus niñas, fuera puesto en libertad mediante un acuerdo flexible y sospechoso con el Ministerio Público. Orden de alejamiento, presentación periódica, no consumo de alcohol y prohibición de uso de armas de fuego, entre otras disposiciones, fueron todas incumplidas por Fernández Estévez. El de Anibel es un caso triste, que junto a la culpabilidad del sistema, muestra también la complicidad de los familiares y amigos que debieron al momento de la excarcelación del asesino y su insistencia en el acoso, denunciar y reclamar su confinamiento independientemente a que la víctima se opusiera. Lo acaecido debe llamar a reflexión para tomar medidas más eficaces ante el flagelo y la indefensión de las damas. Y una  de ellas pudiera ser establecer mediante excepción, que aunque el sometimiento se haga en la jurisdicción de la denuncia, el conocimiento del expediente se realice en otra para evitar que las componendas y las sintonías de los perpetradores con las autoridades locales les permitan salirse con la suya.
Por Cesar Duvernay ,-
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