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miércoles, 7 de abril de 2021

Vídeo (📽): Adiós, campeón de mi infancia

Fue un artista que cautivó multitudes, un actor con el encanto de provocar emociones sin ser el galán que las pantallas muchas veces presentan. Su frente estuvo surcada por incontables golpes, cada impacto se sufría y la recompensa era el gozo al verlo triunfar.
Jack Veneno tocó el umbral de la grandeza con el mismo talento que marcó a muchos dominicanos.

La lucha libre internacional era el espectáculo y el “campeón de la bolita del mundo” la gran estrella con Relámpago Hernández como el villano perfecto.

Muchos odiábamos a Relámpago, el autoproclamado “genio del mal”, porque intentaba destruir al gladiador que cada semana brindaba alegría a quienes en ese entonces nos dominaba un sentimiento pueril que nunca nos permitía despertar de un sueño que aún con la madurez del paso de los años es un recuerdo imperecedero.

Cada paso de Hernández al ritmo de “míralo cómo camina Toño” era una especie de daga que invadía descaradamente los corazones de los parroquianos del “hijo de doña Tatica”, la frase que combinada con un juramento era una sentencia de derrota para su rival.

Jack Veneno era un ídolo.

Hubo tramas de todo tipo en su contra: traiciones por dinero, componendas de cerrar las puertas del camerino para atacarlo, en fin, unos guiones de Hollywood hechos aquí.

Nacido en San José de Ocoa, un dos de mayo de 1942, Rafael Antonio Sánchez también se desempeñó muy bien con el micrófono.

Se vinculó con muchas marcas. Basta con decir “tertulia” o colocar en el buscador de la memoria los nombres de los también extintos Alberto Tamárez, el mismo de “Relámpago, tú agonía es lenta, pero tu muerte es segura”, y de Silvio Paulino, el mismo de “llamen la ambulancia”, entre muchas otras.

Jack Veneno se marchó y con él se van episodios sempiternos. Esperamos que todos los caminos conduzcan a un último adiós a su altura. Por mi parte, prometo quedarme con la “contentosa”, y, por qué no, con algo de “Amarilis, échale agua”. Pero antes de que se escuche el “llévatelo, Fausto”, me permito darle las gracias por llenar mi infancia de felicidad.

Mis respetos, campeón. Descanse en paz.

Por Yancen Pujols ,-

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